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  • Relato 14: EN EL PARQUE DEL RETIRO CLAVÉ MI CORAZÓN EN LA ESPINA DE UN ROSAL
    Distrito Retiro
    Templete del Parque de El Retiro
    Miércoles 8 de agosto

EN EL PARQUE DEL RETIRO CLAVÉ MI CORAZÓN EN LA ESPINA DE UN ROSAL

Sergio C. Fanjul

 

En el Parque del Retiro hay mucha juventud y muchos perros, dos cosas que yo amo, pero que no poseo.

Nada más entrar en el Retiro, a mano izquierda, me encuentro una amplia manada de jóvenes, los pelos tan de colores, las piernas tan al viento, la guitarra tan guitarra, tan pequeños y floridos que solo beben agua mineral embotellada.

Cuando yo era joven nunca aprecié los parques porque pensaba que la verdad estaba en la barra de los bares, detrás del póster de los Ramones.

Pero en el Retiro dos galgos distintos hacen, al mismo tiempo, caca de diferentes colores.

En el Parque del Retiro una chavala medita o hace que medita para que los demás la miren: medita con tanta fuerza, tan en la flor de loto, que cuando se levante y abrace al árbol lo arrancará de cuajo.

En el Retiro la muchacha con el pelo-casco lee, absorta, comiendo uñas, pequeños libros de poemas, mientras en el templete el viejo músico toca piezas minimalistas cuyas notas arrancan, una a una, las hojas del falso plátano. Cuando recuerdo mi vida aquí me parece un filme de Eric Rohmer.

En el Parque del Retiro una vez compré hachís y otra vez vine a tocar los tambores sin dormir, como si fuera a hacer moverse a los eternos leones de metal.

En el Retiro hay una estatua de Lucifer a 666 metros sobre el nivel del mar y gimnasios solares donde atletas espartanos, enemigos gravitatorios, se cincelan solo con el peso de su propio cuerpo, reflejando los rayos en sudor, como centollos.

En el Retiro una vez hubo monos, cocodrilos, elefantes e hipopótamos: ahora hay una biblioteca donde las fieras se alquilan por un mes entre las páginas. Este sitio una vez fue de los reyes, que pescaban al ritmo del viento en las campanillas, pero un día nos lo dejaron a los plebeyos, que mostramos aquí nuestro mejor chándal.

En el Retiro los señores vierten cerveza de botellas doradas en pequeños vasos de plástico que nunca terminan y discuten de políticas infames mientras las hordas del swing bailan sobre el esqueleto de serpientes imaginarias.

En el parque de Retiro me cruzo un gato negro y un perro con la faz de Jesucristo.

En el estanque del Parque del Retiro anochece con la melancolía de una película española mientras un joven toca música de ascensor y se eriza la piel ante el crepúsculo y la aurora boreal de las turistas nórdicas.

Al borde del estanque del Retiro hay músicos, y comediantes, y parapsicólogos, como Tristanbraker, que empezó aquí a perseguir hombrecillos verdes.

Al atardecer, en el Retiro, me introduzco por los senderos oscuros donde, errantes, los románticos lascivos buscan el amor que nunca llega.

 

En el Retiro me ha anochecido bajo un pino extraterrestre

y la bruma se ha hecho cada vez más densa mientras escuchaba a Nick Cave y pensaba en cómo unos simples auriculares pueden ampliar las posibilidades cinematográficas de la música,

mientras me perdía entre los setos, y entre las ramas, y entre las olas, siguiendo los rastros leves de los elfos y de las ninfas, y el collar fosforescente de un perrete,

y después de cruzar el puente curvado del jardín japonés he clavado mi corazón en la espina de un rosal,

y nadie nunca más me ha vuelto a amar,

y nadie nunca más ha vuelto a tomar mis manos doloridas,

y nadie nunca más me ha vuelto a ver,

porque nunca nunca más he vuelto a salir,

he salido ya,

del Jardín del Buen Retiro.

 

8 de agosto de 2018. 21h

Concierto Terry Riley & Gyan Riley

Templete del Parque de El Retiro. Distrito Retiro

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