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  • Relato 20: UNA UTOPÍA URBANÍSTICA HASTA LA CIUDAD DE LOS MUERTOS
    Distrito Ciudad Lineal
    Pórtico de la entrada principal del Cementerio de la Almudena
    Viernes 31 de agosto

UNA UTOPÍA URBANÍSTICA HASTA LA CIUDAD DE LOS MUERTOS

Sergio C. Fanjul

 

El norte de la calle Arturo Soria parece sacado de una blanca serie familiar televisiva. Condominios sólidos y bien acabados con amplias zonas ajardinadas, cafeterías bien puestas, chavales con polo paseando perros de porte aristocrático, chavalas que vienen de compras, jubilados haciendo deporte en las zonas de los parques destinadas a tal fin, madres con niños de pelo animado en alta definición (cada pelo parece en su movimiento completamente independiente del de al lado). La parte medioambiental la ponen los hermosos pinos que acompañan el curso de la calle, porque aquí estaba el Pinar de Chamartín, hoy llamado barrio de Costillares. Si aquí tienen cámaras de videovigilancia, el que mire las grabaciones pensará que está viendo Médico de Familia o Los Serrano. O incluso Al salir de clase. Aunque sin adosados: más bien en torres de 22 pisos.

El distrito de Ciudad Lineal transcurre linealmente, de norte a sur, en torno a la calle Arturo Soria y su continuación, la Avenida de la Institución Libre de Enseñanza (unos tipos tan visionarios, los de la ILE, que inventaron métodos pedagógicos que siguen siendo vanguardia más de un siglo después). En la zona norte, como digo, está la parte más acomodada: a lo largo del camino, entre los edificios residenciales, florecen aquí y allá embajadas, escuelas de negocio, clínicas de alto nivel.

También aparece, alguna que otra vez, alguna de las casitas de la Ciudad Lineal original que ideó, precisamente, Arturo Soria, el urbanista (y teósofo) que pone nombre a la calle. En sus tiempos, finales del XIX, principios del XX, está era una zona alejada de Madrid donde Soria encontró terrenos baratos para llevar a cabo una especie de utopía urbanística. Aquí, a lo largo de una calle que se podría alargar todo lo necesario alrededor de Madrid (la idea era que circunvalase la ciudad completamente), se mezclarían todas las clases sociales en condiciones dignas. Cada familia tendría su casa unifamiliar, su huerta y si jardín. Se trataba, también, de “ruralizar la ciudad y urbanizar el campo”, porque a cada lado de la Ciudad Lineal todo lo que había era campo. La Ciudad Lineal como tal conoció momentos de esplendor pero entró en decadencia a la muerte de Soria, en 1920. Ahora esta ciudad, la propia idea de la Ciudad Lineal, está completamente absorbida por el monstruo capitalino. Pero fue bonito mientras duró.  

La calle Arturo Soria es muy larga, su recorrido dura unas dos horas, y podría ser una metáfora de la vida misma. Según la recorro me va anocheciendo. Camino detrás de una persona y pasa esa cosa tan desagradable de que la persona que camina delante (en este caso una señora) se gira y acelera el paso por si uno va darle un tirón del bolso o por si uno es la propia muerte que viene a visitarle: a veces la muerte se aparece así, en plena calle. Como la calle Arturo Soria y la Avenida de la ILE son una metáfora de la propia vida, al final del camino se encuentra el cementerio de la Almudena, que es donde termina la vida misma. Pero de la muerte hablaremos más tarde…

Según se camina hacia el sur, a la altura de la Plaza de Ciudad Lineal, el barrio va mutando hacia lo más popular. Donde había sólidos condominios aparecen los sempiternos edificios de ladrillo visto propios de los barrios obreros, todo sucede en torno a la calle que cruza perpendicularmente a Arturo Soria: la calle de Alcalá, una de las más largas de la ciudad (viene desde la Puerta de Alcalá) y que era la antigua carretera de Aragón. Como su propio nombre indica, también era el camino hacia Alcalá de Henares. En estas calles se olvida la paz de las zonas más acomodadas y comienza cierto bullicio: hay más vida, bares tradicionales, aparecen esas franquicias que dan carta de naturaleza a cada zona de la ciudad: no hay calle principal de distrito donde no aparezcan las coloridas hamburguesas estadounidenses, el pollo frito de no sé qué coronel, la ropa barata y clónica que nos constituye como una sociedad unida y fuerte. Y la gastronomía más frecuente en los distritos de Madrid: el dönner kebab, con sus fragancias orientales como grasientos cantos de sirena. Si un extraterrestre del planeta Ummo aterrizara en Madrid pensaría que este es el plato tradicional, y no el cocido. De hecho, ya hay ummitas entre nosotros comiendo kebabs.

Al sur del distrito, como digo, se levanta el cementerio de la Almudena, fundado en 1884, una verdadera ciudad de los muertos dentro de la ciudad de los vivos: aquí habitan hasta cinco millones de cadáveres en 120 hectáreas: la extensión del casco viejo de Segovia. Desde el centro del camposanto se mira alrededor y se ven lápidas y mausoleos hasta allí donde alcanza la vista. Aquí también hay distritos y calles principales, y autobuses urbanos que cruzan la finca, y gente que hace running.

Una vez me di un largo paseo con un enterrador por esta ciudad silenciosa y gris en la que todos tendremos nuestro apartamento antes o después, y no será de AirBnB, sino una cosa más definitiva. Aquel hombre, vecino de Villaverde, había sido luchador de lucha libre en su juventud (luchaba en un local que estaba donde ahora está el gasómetro, en Embajadores) y era de los que siempre tenían que dejarse perder. Ahora me contaba como movía cadáveres a diario, y me llevó por algunas de las tumbas más populares, que esta ciudad también tiene sus celebrities: la de Lola y Antonio Flores, siempre con velas y ramos de flores, la de Pío Baroja, la de Tierno Galván, la de Pasionaria (estas últimas en la parte civil del cementerio, claro), la del torero El Yiyo o el jugador de baloncesto Fernando Martín, y, por supuesto, la de Arturo Soria. Toda la panoplia de políticos del XIX y la de Pablo Iglesias (senior), fundador del PSOE, donde encuentro una postal que dice: “los socialistas no mueren, los socialistas se siembran”. Mucha gente, como me mostró el enterrador, decide poner en su lápida el escudo de su equipo de fútbol preferido. Vi varias del Atlético de Madrid: hasta la Eternidad animando desde el Más Allá de la grada. Pensé que debía ser un trabajo muy duro este de enterrador, siempre en contacto directo con la muerte, tanto física como metafísicamente.

-          Oiga, ¿y usted que cree que hay después de la muerte? – le pregunté

-          Es fácil -respondió-: que vengo yo y te entierro.

 

31 de agosto. 21h

Concierto Cuarteto Casals

Pórtico de la entrada Principal del Cementerio de la Almudena. Distrito Ciudad Lineal

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