EXPEDICIÓN ASFÁLTICA

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LATINA Y EL PROBLEMA DEL MAL

Sergio C. Fanjul

 

En el parque de Aluche anochece y un grupo de jóvenes mantiene, recostado sobre la hierba, un animado debate.

- Pero, si Dios existe y es todopoderoso, ¿cómo puede ser que Lucifer exista? - pregunta uno.

- A ver - responde otra -, es que Lucifer era un ángel que se rebeló contra Dios, y entonces…

- Ya, ya, - interviene una tercera- esa historia la sabemos, pero la movida es que Dios puede crear el Universo como le de la gana, y permite que pasen catástrofes y haya enfermedades, etc…

No sé si ellos lo saben, pero están hablando del muy filosófico y teológico Problema del Mal. En efecto, si Dios existe, y es bondadoso y todopoderoso, ¿por qué existe el sufrimiento? ¿Por qué se permite la existencia del Mal? “Es que los caminos de señor son inescrutables”, nos han dicho: nuestro conocimiento, nuestras capacidades son demasiado precarias para entender el Plan Divino. Entonces así estamos: aquí, sufriendo. No muy lejos, hablando del mal, del sufrimiento y del estruendoso silencio de Dios, está el tristemente célebre Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche, donde encierran a los que llegan a las costas huyendo de la guerra y la miseria. Por fuera, paradójicamente, tiene cúpulas de colorines, como si los retenidos fueran a ingresar, en vez de en una cárcel, en Disneyland.

Así se las gasta la chavalería del distrito de Latina, debatiendo en sus parques sobre los grandes asuntos de la existencia. Latina no debe confundirse con la céntrica zona de La Latina, donde la gente va a comer y a emborrarse los domingos a plena luz del sol. A partir de cierta edad salir de día es “aprovechar el fin de semana”, aunque básicamente se haga lo mismo que de noche: beber. Como digo, el distrito Latina es otra cosa, más filosófica, que tiene un pie en el centro y otro en la periferia: empieza en Puerta del Ángel, al final del puente de Segovia, discurre en torno a la carretera de Extremadura, y acaba en los lejanos terrenos de Campamento, donde ya Madrid se roza con las tierras de Alcorcón.

Sigo sentado en un banco del parque de Aluche y ya es noche cerrada. Le doy una calada a mi Lucky Strike y miro, a mi derecha, como llega el metro lleno de luces, porque a la parada de Aluche el metro llega sobre la superficie de la tierra, lo que le da a la cosa un aire neoyorquino. Así que apuro la última calada de mi rubio americano, que refulge en la oscuridad, y me siento el protagonista de una novela beat.

Luego dirijo mis pasos a otra zona de Latina, el barrio de Batán, que está separado del resto del distrito por la bulliciosa A5, como una isla dentro de la urbe. Un cartel en un bareto muy pulcro regentado por una mujer china reivindica al único torero de Batán, otros chavales, en la terraza, hablan de viajes de escalada a países insólitos y al fondo, conta la negritud del cielo, se recortan las luminosas torturas (al menos para mí) del Parque de Atracciones, en las frondosidades de la Casa de Campo. La cosa (excepto por el torero) sigue pareciendo muy beat o muy noir: solo falta el asesinato.

El sur del distrito más que detectivesco es militar. En el barrio de Campamento hay una gran extensión de descampados, malezas y hermosas ruinas militares (se ven desde Google Earth) que, aun habiéndose pensado una Operación Campamento desde hace décadas, no se ha logrado urbanizar (solo el 50% del barrio lo está), no se sabe si para bien o para mal. Su barrio hermano, Cuatro Vientos, tiene, como su nombre indica, fuerte relación con la aviación, y aquí está el otro aeropuerto de Madrid, anteriormente una base del Ejército del Aire, y hoy dedicado a las escuelas de aviación y a la aviación ligera y privada. Hay domingos en los que se celebran vistosas exhibiciones de aviones de época y acrobacias.

He pasado antes por zonas conflictivas, en alguna esquina meridional del barrio de Puerta del Ángel, donde empiezan Los Carmenes. Aquí ya han derrumbado algunas colonias consideradas en la prensa como “infernales” y donde los repartidores de pizza no quieren entrar. He visto un sofá en la acera, en unas calles donde pulula gente amenazadora y errante, donde hay edificios destartalados, muchas de cuyas puertas y ventanas permanecen tapiadas. Miran con desconfianza, no por maldad, sino por pobreza. La cancha de baloncesto está hecha polvo, las zonas de césped son saharianas, los muros lucen llenos de pintadas. Los vecinos dicen en la prensa que está volviendo la heroína, la inseguridad, los años ochenta y que hay mucho abandono. El calor hace que los apartamentos habitados tengan las puertas abiertas, se ven interiores de ropa amontonada, pósteres, colchones y camastros: más allá del miedo, hay infinita tristeza. También esto es Madrid.

 

1 de septiembre. 21h

"Bernstein is 'On Town again'". Moisés P. Sánchez Ensemble

Auditorio al aire libre del Parque de las Cruces. Distrito Latina

 

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